
El dolor descontrolado de tu mirada será eterno
Solo de vez en cuando dejará de filtrarse
Por las comisuras de mis carcajadas
Pero seguirá allí en el pálido vientre de mis anhelos
Parasitando con sus garfios de soberbia
Por ello me contento
Con meter mis dedos por entre tus costillas
Tomar tu monstruoso corazón de puño
Y ahogarlo enervadamente en su ponzoña
Sentir su lucha desesperada
Su tiritar final
Hasta la preciosa laxitud de tus olvidos
Me lavaría las manos
Y contemplaría el atardecer