Rastros del intruso


El dolor de encontrar:

Otra cama matrimonial destendida
Y ya no somos matrimonio (por lo menos en esta vida)

Zapatillas que no son mías
Esperando el regreso de otro con alegría

Ropa doblada en las entrañas de mi ropero
Ropa que me mira alarmada no reconoce mi cuerpo

En los almohadones masculino perfume
Y mis niños que los abrazan sonrientes y conformes

Los restos óseos del sildefil exterminado
Al alcance de mis ojos traicionados

Y las manchas soeces de ese extraño
En la casa que soñe para nosotros en vano

Soledad absoluta
Soledad desproporcionada
Soledad expansiva
Soledad que abre vacíos interminables entre mis órganos

Mis manos hambrientas de piel
Mis labios ansiosos de cintura
Mis cabellos sedientos de una tersa mano
Que suavemente los peine sin premura

Y mientras a mi alrededor
el volcánico bar arroja sus vapores y silbidos
Rendida una lágrima muere en mi mejilla

y por dentro lloro a gritos

Aqui también hay pus

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